La elección correcta de las
plantas es fundamental a la hora de conseguir que éstas se afiancen
con éxito. Se han de tener en cuenta el clima de la zona, las temperaturas,
la exposición, el tipo de suelo, el espacio disponible, etc. El empleo
de especies autóctonas de la región donde vivimos es una garantía
para obtener buenos resultados.
Además de escoger la planta adecuada para cada lugar se ha de hacer
una buena elección a la hora de comprar, adquiriendo ejemplares sanos
y fuertes. Si es posible ver las raíces, estas deben ser claras y
abundantes, pero no deben estar excesivamente crecidas ni enrolladas.
Cables y tubos: Antes de comenzar
a hacer agujeros debemos tener en cuenta las conducciones de agua,
gas, electricidad, etc. que atraviesan la zona en que tengamos previsto
trabajar.
El hoyo: Debe tener de dos a
tres veces la anchura y el doble de profundidad que el cepellón. Así
las raíces podrán crecer con comodidad en un suelo suelto y rico.
El Manipulado: Para evitar dañar a
la planta la sujetamos y levantamos por el cepellón, nunca por el
tronco. Es posible
que las plantas que vienen en contenedor tengan las raíces enrolladas.
Deben entonces desenrollarse y separarse para que se extiendan, crezcan
de forma abierta y no acaben formando una bola alrededor del tronco.
También debemos cortar y retirar cuidadosamente cualquier envoltorio
que acompañe al cepellón, así como las cuerdas y alambres que vengan
atados al tronco.
La Profundidad es importante. La base del tronco o zona donde se ensancha para dar lugar a las
raíces debe quedar por encima de la tierra. Si el árbol se hunde demasiado
las raíces tendrán problemas de oxigenación y se desarrollarán peor,
pudiendo llegar a ahogarse. Y si se planta muy cerca de la superficie puede
dar lugar a problemas de temperatura y de falta de humedad.
Árbol bien derecho: Mientras alguien lo
sujeta, comprobamos desde distintos puntos de vista que el árbol este
recto.
Tutores: Aunque la planta se
afianzará mejor, con raíces más fuertes, sin tutores, éstos pueden
ser necesarios como ayudas de soporte o para evitar que el viento
la tumbe. Se suelen retirar pasado el primer año. Las ataduras deben
ser de material flexible, que no produzca rozaduras.
Rellenamos el hueco con cuidado
de no dañar las raíces, pero de vez en cuando apisonamos la tierra
con el pie para evitar las bolsas de aire. La presión debe hacerse
hacia afuera, desde el tronco hacia el exterior. Si transplantamos a un
terreno muy denso o arcilloso se debe utilizar parte del mismo tipo
de tierra para rellenar el hueco. Si se utiliza sólo turba o tierra
arenosa el agujero funcionará como un recipiente que retendrá el agua
ahogando las raíces y afectando seriamente a la planta.
Acolchado: Consiste el cubrir
de materia orgánica la base de la planta. Esta capa retiene la humedad,
protege de las temperaturas rigurosas y frena la invasión de las malas
hierbas. Se pueden usar hojas, corteza, turba, serrín, etc. Bastará
con que tenga un grosor de 5 ó 10 cm. Para evitar pudriciones se evitará
que toque el tronco, despejando una zona de varios centímetros a su
alrededor.
El riego debe
ser el adecuado. Se debe ajustar en función de factores como la climatología, el tipo de tierra,
el drenaje, etc. El suelo estará siempre húmedo, aportando agua suficiente
en las épocas de sequía y regando para ello las veces necesarias.
Pero hay que cuidarse de no excederse, de que el terreno no quede
empapado, porque se puede perjudicar a la planta. Tanto puede dañar
el exceso como la falta de agua, especialmente durante el primer año tras el transplante.
Seguimiento: La experiencia de la
plantación traumatiza y debilita al árbol o arbusto. Es normal
que las plantas no crezcan ni se desarrollen al principio. La mayoría
tardan varios años en afianzarse y adaptarse a su nueva situación. Los cuidados posteriores
facilitarán su pronta recuperación.
Si aparece alguna plaga debe combatirse enseguida. Tras la plantación
se puede hacer una ligera poda de saneamiento, para retirar las partes
dañadas. Las podas serias no comenzarán hasta que transcurra al menos
una temporada.
Si una planta tiene grandes problemas de adaptación o acaba muriendo
es conveniente conocer las causas antes de sustituirla. Descubrir
los factores que la han afectado es fundamental para no que volvamos a repetir los mismos errores.
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