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PREGÚNTALE A LÜBEK
Un relato de Pablo F.

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Una noche que barría la recepción, no habiendo ningún botones a mano, el conserje le llamó con prisas. Se trababa sólo de subir una cena fría, a la habitación 609, en concreto. Siempre recordará ese número. Cuando golpeó la puerta, oyó que le decían que pasara. Y allí estaba ella, tendida en la cama, con la bata entreabierta y enseñando una pierna, una pierna larga y suave. Era la mismísima Alexandra Alexandrovna, la actriz principal. Aunque por la ventana entraba una buena brisa que enredaba las cortinas, él sintió de golpe todo el calor de la noche. La bandeja comenzó a temblarle tanto en las manos, que tuvo que dejarla deprisa en una mesita. Ya iba a salir corriendo cuando ella le dijo que esperase. Le atravesó con sus ojos azules y apartó la melena rubia para llevarse la mano al cuello. Entonces puso cara de dolor y le pidió un tarro de la mesilla. Le dijo que el cuello la estaba matando, que tenía que darse aquella pomada. Después, le miró de arriba abajo y le preguntó si sería capaz de hacerlo. Sin esperar respuesta, la Alexandrovna le dio la espalda, dejó caer la bata hasta la cintura y se tumbó de nuevo. Lubek se quedó petrificado. La cabellera rubia, casi blanca, se vertía sobre la espalda desnuda, que se curvaba y desaparecía entre la ropa, justo donde se marcaban unas caderas impresionantes. Sin saber a donde mirar, abrió el tarro como pudo. Con sus dedos bastos como espátulas casi lo dejó vació. Tuvo que apartar los rizos antes de aplicar todo aquel ungüento. Ella se estremeció nada más sentir el contacto frío; se fue erizando mientras extendía despacio la crema por el cuello delgado, hacia los hombros pequeños, redondos y suaves. Poco a poco notaba como la piel iba entrando en calor. Sentía como toda ella temblaba, sin soltar apenas más que algún gemidito, no sabía si de dolor o de alivio…
Antón se detuvo para chupar con fuerza el pitillo, tan consumido que casi le quemaba las uñas.
- Podéis creerlo. Y si no, preguntadle a Lubek. Aquella era la piel más suave que había tocado nunca.

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