Las flores nacen en panículas colgantes. Son pequeñas, olorosas, de color blanco crema y atraen a los insectos melíferos. También contienen compuestos de utilidad medicinal. El fruto, de hasta 10 cm. de longitud, tiene forma de legumbre con estrechamientos entre las semillas. Permanece en el árbol incluso en invierno.
Se reconoce por:
-A menudo de confunde con la falsa acacia, pero se diferencia de ésta en que florece en verano, carece de espinas y tiene los foliolos puntiagudos.
Originaria: de China y Corea, hasta el siglo XVIII no llega a Europa.
Variedades:
Sophora japonica “pendula”, con las ramas colgantes y retorcidas, con un porte más pequeño y muy atractivo. No florece y se multiplica por esquejes.
Sophora tetraptera, con la flor amarillo oro.
Sophora microphylla, de flores amarillas.
Sophora macrocarpa, de hoja perenne, también con las flores amarillas.
Sophora davidii, de pequeño tamaño, unos 3 m. de altura. Flores blancas.
Sophora secundiflora, perenne, de flores malvas. Originaria de México.
Situación: a pleno sol. Prefiere las zonas templadas, pero es muy resistente. De adulto soporta los extremos de temperatura, los árboles jóvenes son más sensibles y necesitan alguna protección. En cualquier tipo de terreno, prospera en suelos pobres, pero es mejor si son fértiles, profundos y sin abundancia de cal. Aguanta la sequía, la contaminación y la cercanía del mar.
Cultivo: se utiliza con frecuencia como ornamental en las zonas urbanas, como árbol de sombra en parques y jardines, en alineaciones o como ejemplar singular. Crece rápidamente al principio.
Poda: los árboles adultos apenas la necesitan. Aguanta las podas severas, aunque éstas a la larga le perjudican y acortan la vida del árbol. Se poda en otoño. Si se hace a finales del invierno o en primavera puede perder mucha savia.
Multiplicación: mediante las semillas, puestas en agua previamente para ablandarlas. No le convienen los transplantes.