Florece en primavera y verano, con tanta profusión que nunca faltan flores en la planta, aunque éstas se marchiten a las pocas horas de nacer. Los frutos son esféricos, divididos en compartimentos donde se alojan las semillas. El nombre hace referencia a la presencia del ládano al que se le atribuían propiedades medicinales y que hoy se emplea en cosmética como fijativo de las esencias.
Variedades:
Cistus ladanifer, es la jara común.
Cistus laurifolius, o estepa, es más pequeño y tiene las hojas anchas y onduladas, parecidas a las del laurel.
Cistus albidus, también llamada estepa blanca.
Cistus monspeliensis, o jaguarzo, de hojas con un aspecto similar al romero.
Originaria: del entorno mediterráneo y las islas Canarias.
Situación: a pleno sol. A las jaras le gustan los suelos pobres, ácidos o arenosos, con un buen drenaje y más bien secos. Conviene que tengan alguna protección en las zonas de fríos extremos, como la cercanía de árboles o que estén orientadas al sur.
Cultivo: no debe abusarse del riego para que no se encharque nunca el terreno.
Poda: no es necesaria, basta con eliminar las ramas molestas o dañadas cuando acaba el invierno. Los vástagos nuevos se pueden despuntar tras la floración para que desarrollen un hábito más espeso. La poda de renovación no funciona en las plantas viejas y que han perdido la forma, por lo que conviene sustituirlas.
Multiplicación: por semilla o por esquejes.