No
son peligrosas y apenas dañan las plantas. Aunque pueden molestar
cuando contruyen el hormiguero bajo una planta o cuando trepan por ella
en busca de las secrecciones de los pulgones, a los que, además,
transladan de un lugar a otro. También son aficionadas a llevarse
las semillas, especialmente las del cesped recién sembrado.
Existen productos en el mercado para controlarlas, pero lo mejor es
dejarlas tranquilas.